La microbiota intestinal se ha convertido en un tema clave en el ámbito de la salud y es que mantener un equilibrio en los billones de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo puede marcar la diferencia en tu calidad de vida.
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¿Qué es la microbiota y por qué es tan importante?
A menudo a la microbiota se le denomina “flora intestinal”, pero su presencia va mucho más allá del intestino, ya que tenemos microbiota en la boca, en el tracto genital, en la piel… básicamente es el conjunto de microorganismos, sobre todo bacterias, pero también virus y hongos, que habitan en el cuerpo. Son muy numerosas -hay más que células tenemos en el cuerpo- y realizan miles de funciones necesarias para que el organismo funcione correctamente.
Su papel es clave en la digestión, la producción de vitaminas y la defensa contra patógenos. Además, su conexión con otros órganos es fundamental, en especial con el cerebro. El eje intestino-cerebro es muy conocido y es que la salud mental depende en cierta medida de tener una microbiota en equilibrio.
Cómo mantener una microbiota saludable
La clave para tener una microbiota sana está en adoptar un estilo de vida saludable. La alimentación es el factor más importante. Es esencial evitar los ultraprocesados y apostar por la comida real, luego ya cada uno puede elegir el estilo de alimentación que más se adapte a él.
Otros factores como el ejercicio físico, el contacto con la naturaleza y la gestión del estrés juegan un papel fundamental. No hay que olvidar que vivimos en una sociedad muy sedentaria y la realidad es que es necesario moverse cada día. Además, hay que luchar contra el estrés crónico de la vida moderna. Otro pilar importante es dormir bien y descansar, algo a lo que no se le da la importancia que merece.
Factores que dañan la microbiota
Algunos factores que afectan a la microbiota están fuera de nuestro control, como el tipo de parto o si se ha tomado lactancia materna o no. Sin embargo, hay muchas decisiones que sí podemos tomar para mejorarla.
Consumir ultraprocesados, grasas trans, azúcar y aditivos es fatal para la microbiota. También el sedentarismo.
Además, hay muchos fármacos que la alteran, no solo los antibióticos, sino también los mal llamados protectores gástricos (el famoso «omeoprazol«, vamos), por ejemplo.
A esto se suman otros factores ambientales difíciles de evitar, como la contaminación, los microplásticos o los disruptores endocrinos presentes en multitud de productos de uso diario.
Comer menos veces al día, un cambio clave
Uno de los cambios más importantes que recomienda Sari Arponen, médico y una de las mayores expertas en esta materia de nuestro país, es reducir la frecuencia de las comidas. “Mucha gente no es consciente de que comer cinco veces al día no es lo mejor para la microbiota ni para el intestino. Una persona adulta debería comer solo dos o tres veces al día”, sostiene.
Por otro lado aumentar el consumo de frutas y verduras es muy positivo para mejorarla, ya que tienen fibra prebiótica, fundamental para alimentar a las bacterias beneficiosas del intestino.
Cómo impacta el estilo de vida en la microbiota
Desde la infancia, el contacto con la naturaleza y los animales es crucial para desarrollar una microbiota diversa y saludable. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los casos, los niños deberían jugar en el campo, ensuciarse y tocar la tierra. También tener contacto con animales. Todo esto ayuda a fortalecer su microbiota.
El contacto social también es un factor clave. No tenemos que olvidar que le ser humano es un ser social y nuestra microbiota se enriquece con el contacto con los demás.
¿Sabías que un beso te intercambias nada más y nada menos que 80 millones de bacterias?
La conexión intestino-cerebro y la salud mental
La relación entre el intestino y el cerebro es bidireccional y su impacto en la salud es innegable. Si la microbiota funciona mal, se produce una inflamación que se transmite al cerebro lo que puede provocar trastornos del estado de ánimo o favorecer enfermedades neurológicas.
Por el contrario, el estrés y la ansiedad pueden alterar la microbiota intestinal, generando un círculo vicioso difícil de romper.
¿Y qué pasa si tengo la microbiota alterada?
Para aquellos que tienen disbiosis, o un problema de microbiota alterada, la microbioterapia puede ser una solución.
Los probióticos son microorganismos vivos que pueden ser de gran utilidad para recuperar el equilibrio. Eso sí, no son una solución milagrosa, para que funcionen hay que combinar su consumo con un estilo de vida saludable. Y, por supuesto, hay que tener claro qué probióticos tomar para cada problema, no vale ir a la farmacia y comprar la primera caja que se cruce en tu camino.
Y ya te advertimos desde aquí, que encontrar profesionales como Arponen, no es tarea fácil.
Menos fármacos, más salud
El abuso de medicamentos es otro de los problemas que afecta a la microbiota y a la salud en general. Estamos en una sociedad donde hay infinidad de personas polimedicadas y donde el enfoque integral de la salud es uno de los grandes olvidados.
El problema de la especialización a nivel médico es que cada uno «sabe de lo suyo» y prescribe un medicamento para su área, sin tener en cuenta el cuerpo en su conjunto ni las interacciones de un medicamento con otro.
Ese enfoque integral donde los médicos vean el cuerpo como un todo y trabajen junto a nutricionistas, psicólogos y fisioterapeutas para tratar de abordar los problemas desde la raíz es muy importante para conseguir una salud de verdad y evitar la dependencia del consumo de cada vez más medicamentos.



