¿Por qué no comprar sandías y melones ya cortados?

Desde hace muchos años es habitual encontrar sandías cortadas y trozos de melón en supermercados y fruterías. Te explicamos por qué no debes comprarlos.

¿Por qué no deberías consumir sandía y melón ya cortados?

¿Quieres saber por qué no debes comprar sandía y melón ya cortados? Descubre por qué todos los expertos en nutrición y seguridad alimentaria lo desaconsejan.

Cuando cortamos la fruta, rompemos la protección natural que aísla la parte comestible del medio ambiente. Las frutas y hortalizas pueden tener en su superficie microorganismos patógenos como Salmonella, Listeria o Escherichia coli (E.Coli)». Beatriz Robles, experta en seguridad alimentaria.

Esta práctica está muy extendida desde hace muchos años y desde el punto de vista logístico tiene todo el sentido del mundo, ya que tanto los melones como las sandías son frutas muy grandes y en muchos hogares es difícil consumir una pieza sin que se estropee y ocupe media nevera. La cuestión es que desde el punto de vista de la seguridad alimentaria no es buena idea hacerlo.

Razones por las que no debes comprar sandías y melones ya cortados

Beatriz Robles, dietista-nutricionista y tecnóloga de alimentos y experta en seguridad alimentaria, lo deja claro en su libro ‘Come seguro comiendo de todo‘: «Cuando cortamos la fruta, rompemos la protección natural que aísla la parte comestible del medio ambiente. Las frutas y verduras pueden presentar en su superficie microorganismos patógenos como Salmonella, Listeria o Escherichia coli (E.Coli)«. No hay que olvidar que la piel contribuye a proteger el interior de la contaminación por microorganismos nocivos para la salud. Por ello, si no se han lavado bien antes de cortarlas, estos microorganismos pueden pasar a la fruta y contaminarla.

Otro riesgo de contaminación puede proceder de las personas que manipulan la fruta o de los utensilios utilizados para cortarla. Si hay bacterias presentes, se transfieren fácilmente a la fruta.

Pero la cuestión va más allá, porque, como ya hemos dicho, la fruta suele estar a temperatura ambiente, por lo que los patógenos mencionados se multiplican a toda velocidad (siendo ésta su temperatura óptima de crecimiento). No hay que olvidar que estamos hablando de fruta que no va a sufrir ningún tratamiento térmico, por lo que estos microorganismos no serán eliminados. La consecuencia es que se pueden producir intoxicaciones alimentarias.

Si está en una zona refrigerada, el crecimiento bacteriano será menor, ya que estos organismos se reproducen más lentamente en el frío, pero las porciones de melón o sandía pueden seguir contaminadas por los patógenos que mencionábamos al principio.

Por eso, la mejor opción es siempre comprar la pieza entera y, antes de cortarla, lavarla muy bien para evitar que los patógenos que pueda haber en el exterior contaminen la fruta cuando la cortemos.

Es esencial lavar las frutas y hortalizas antes de consumirlas

Beatriz es tajante al afirmar que «todas las frutas y verduras deben pasar por el grifo, tanto si se comen con piel como peladas», porque en casa puede pasar lo mismo, como decíamos con la sandía y el melón. Los microorganismos de la cáscara pueden entrar en la fruta al pelarla con un cuchillo y acabar en el estómago.

Si tiene intención de comer la fruta con piel, desinféctela en agua con lejía (apta para uso alimentario) o utilizando un preparado como el que se vende en los supermercados para este fin.

Si optas por la primera alternativa, sumerge la fruta durante cinco minutos en una mezcla de 3 litros de agua con una cucharadita de lejía «apta para la desinfección de agua potable» (indicada en la etiqueta). A continuación, aclara la fruta o verdura con agua y sécala.

¿Hay que lavar también las ensaladas preparadas?

Esta es la única excepción, ya que la propia bolsa o caja suele indicar que ya están lavados, por lo que son aptos para su consumo tal cual.

Aunque pueda parecer poco importante, conocer estas prácticas y aplicarlas en casa puede prevenir intoxicaciones alimentarias, que pueden provocar trastornos graves.

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